Mié. Jul 15th, 2020
Foto: Cortesía. Perfil del colaborador.

Abusos vs buen uso de la autoridad

¿Qué está sucediendo? En medio de una olla de presión en donde una pandemia, las medidas de confinamiento y una crisis económica que apenas inicia, la gente salió a manifestarse.

“Los abusos, aun en el estado más sólido, son minas sordas que tarde o temprano estallan” – Joseph Sanial-Dubay, escritor.

Luis Sánchez

La violencia y los abusos en Jalisco comenzaron con la publicación en el Periódico Oficial del Estado de Jalisco del acuerdo de “Cero tolerancia” que contempla multas, amonestaciones y hasta arresto a personas que incumplan medidas sanitarias como del uso obligatorio de cubrebocas en espacios públicos. A partir de entonces, comenzaron a ocurrir diversos abusos por parte de las policías municipales. Al menos 200 personas fueron detenidas por no hacer uso de cubrebocas.

Este semana conocimos el caso #Giovanni, un joven detenido por policías de Ixtlahuacán de los Membrillos, aparentemente por no portar cubrebocas, quien apareció muerto con visibles huellas de violencia. Esos hechos ya conocidos por la opinión pública desencadenaron fuertes protestas en Guadalajara y la Ciudad de México. En ambas manifestaciones hubo excesivo uso de la fuerza policial y en el caso de la protesta del viernes en las afueras de la Fiscalía de Jalisco, detenciones arbitrarias.

¿Qué está sucediendo? En medio de una olla de presión en donde una pandemia, las medidas de confinamiento y una crisis económica que apenas inicia, la gente salió a manifestarse. La violencia, la inseguridad, el hartazgo de la sociedad ante los abusos y la similitud del caso -también conocido- de un afroamericano muerto a manos de la policía estadounidense que desató protestas y manifestaciones en aquel país, alentaron a los ciudadanos a salir a las calles.

En las imágenes que hemos visto de las protesta en Jalisco, las fuerzas policiales se muestran rebasadas en número, a tal grado que hacen uso de palos y piedras para poder confrontar a los que protestaban, y sin mantener una formación táctica sólida que les proteja, por ejemplo, del violento manifestante que prendió fuego a un policía. Ese acto es tremendamente condenable, es un delito. Pero, nos obliga a las preguntas: ¿por qué un policía dio la espalda a manifestantes? ¿por qué sus compañeros no advirtieron que estaban semi-rodeados por manifestantes? y ¿por qué se colocaron en medio del cruce de 4 calles, haciéndose tremendamente vulnerables? Estas fallas en el operativo ponen el ojo en una deficiente planeación y ejecución, que pone en riesgo las vidas de policías y civiles.

El Estado debe respetar la libre manifestación, haciendo valer los derechos de los ciudadanos, pero cuidando el orden, las garantías y los derechos humanos de todo participante. El Estado debe contribuir de manera activa al fomento del diálogo, la cultura de paz, y el respeto. Construir ciudades y sociedades pacíficas exige asumir una concepción antropológica del ser humano desmarcada de la inevitabilidad de la violencia; y deslindar agresividad, conflicto y violencia.

Diferenciar estos tres conceptos es clave para mantener la esperanza de que la violencia no es un destino inescapable para la humanidad. 1) La agresividad, una característica humana individual, que emerge como respuesta a una amenaza, no necesariamente ha de expresarse con violencia. 2) La violencia, es una construcción social conformada por actitudes, acciones, palabras, estructuras o sistemas que causan daño físico, psicológico o social que impiden a una persona o grupo alcanzar su potencial humano pleno. 3) El conflicto, surge cuando se persiguen objetivos incompatibles que pueden ser por intereses económicos o intangibles (como culturales o de creencia), constituyendo una situación de oposición y desacuerdo.

Dicho lo anterior, es importante mencionar que los conflictos siempre están presentes dentro de nuestra sociedad, sin embargo, a diferencia de lo que nos han enseñado, los conflictos representan una oportunidad para desarrollar experiencias pedagógicas, de concientización, de empoderamiento, de estímulo y desarrollo de la creatividad, en la búsqueda de resolverlos. La apuesta de las políticas públicas a desarrollar por parte de los gobiernos, además de generar condiciones dignas para que las personas vivan, debe ir relacionada con la resolución de conflictos, partiendo de lo micro a lo macro (familia, vecinos, colonia, escuela, trabajo, municipio, etc), solo así, se generarán condiciones en el entorno que permitan una mejor convivencia que se refleje en un tejido social más sólido y por consiguiente, una mayor percepción de seguridad en los ciudadanos.

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