Coincidir sin aplaudir y disentir sin atacar

«En los próximos seis meses desaparecerán 2.7 millones de empresas en América Latina, de las cuales, 2.6 millones serán microempresas y 500 mil serán mexicanas» – Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Luis Sánchez

Puede parecer extraño que alguien que no votó por AMLO hace dos años, o que no simpatiza con él, diga que el actual presidente le quedó mal, o que está en deuda con él como ciudadano. Sin embargo, querido lector, lo invito a salir un poco de la lógica de la polarización política en la que estamos metidos, justamente por el afán del presidente, para ver más allá de él.

En primer lugar, y como mexicano, podré renegar de personajes que vienen y van de la política porque así es justamente el juego democrático. Sin embargo, parte de lo que se ha perdido entre interminables mañaneras es justamente la capacidad de coincidir sin aplaudir y disentir sin atacar. Estoy consciente de ello y justamente vale la pena recordar las palabras de un maestro democrático de la acción política de paz: Gandhi. Él nos advierte de manera severa que “la democracia no está hecha para los que se portan como borregos. En un régimen democrático, cada individuo guarda celosamente su libertad de opinión y de acción”.

En cultura de paz, AMLO nos ha quedado a deber. No puedo recordar una sola vez, por dar solo dos ejemplos, en donde el presidente haya admitido que sus subordinados o él fueron responsables de una acción condenable: ni durante la liberación de Ovidio Guzmán o durante los problemas mundiales causados por una mala negociación de México con la OPEP. Siempre acusando “ataques”, el presidente procura hacer de la política una guerra. En un país tan sediento de justicia y de unión, es un despropósito que todas las mañanas, el presidente acuse ataques en su contra y diga que son malos, para después él proceder a hacer justamente eso: otro ataque, sea a la prensa o a la oposición.

En economía, AMLO nos ha quedado a deber. Las transferencias directas han sido un temporal acierto, sí. Conozco a personas de la tercera edad que se han beneficiado de ellas y en todos los casos, su calidad de vida aumentó. Pero eso es solamente, repito una solución temporal a un problema mayor, sobre la caída en el acceso y generación de empleos. Cuyas acciones y políticas públicas desconocemos su contenido o quizá seguramente, no existen.

También reconozco los esfuerzos por subir el salario mínimo, hecho en diálogo y acuerdo con los empresarios (casi milagroso). Pero me entristece y me queda a deber ese presidente que ataca a la CEPAL cuando le advierten que miles de empresas mexicanas están en riesgo de desaparecer. Sobre todo, porque la CEPAL lleva la impronta de Raúl Prébisch, talentoso economista argentino muy afín a las políticas desarrollistas de izquierda que AMLO dice abrazar. ¿Qué podemos esperar de alguien que ataca a sus afines y a sus contrarios por igual?

En la pandemia, AMLO nos ha quedado a deber. La decisión de delegar a un técnico como el subsecretario Hugo López Gatell fue acertada pero la sobreexposición y el obligarlo a decir lo que el presidente quiere que piensen los mexicanos, le resta credibilidad. Además del contraste con la negativa de AMLO a usar un cubrebocas, los llamados a abrazarse y sus constantes giras durante los inicios de confinamiento generan confusión entre la población. El presidente entendió la dimensión de la pandemia muy tarde y la omisión de no llamar a la gente a entender su gravedad es simplemente un error político grande y una mala política pública.

Por último, en seguridad AMLO también nos ha quedado a deber porque su estrategia, de dudoso funcionamiento, es una apuesta de todo o nada a los programas sociales. Me atrevo a preguntar ¿y si la delincuencia no baja en 5 años en las comunidades que reciben programas sociales? ¿Y si el huachicol solo baja en presencia de la Guardia Nacional pero vuelve a sus niveles usuales sin patrullaje? ¿Qué futuro nos espera en donde tener paciencia implica aceptar que cada día aumentan las cifras de desaparecidos y asesinatos en el país?

En resumen, es válido y razonable cuestionar al presidente. Es un poco ilógico tener que afirmar esto, porque debería de ser una característica natural del debate democrático, pero en esta polarización, escribir una columna así es necesario. Aunque sabemos que algún periodista o youtuber de la mañanera podría usarla para comprobar la fantasiosa “conspiración fifí” en contra de la 4T, es necesario escribirla porque cuando la duda legítima se mancha con la leyenda negra del ataque, todos estamos obligados a defender el derecho de querer que a México le vaya bien

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