Mié. Jul 15th, 2020
Alejandro Puerto, foto: Cortesía

De traiciones y cómo lograr que el cambio sea irreversible

Alejandro Puerto

Pienso que la traición en política tiene un lado elogiable. Traicionaron varios de los personajes insignes de la historia universal; traicionaron también los estadistas más conocidos del siglo pasado. En los grandes políticos, la traición es una más de sus intuiciones; uno más de esos aprendizajes que no vienen en los libros, sino que se van desarrollando con el instinto. Traicionar es adaptarse al campo de batalla y renunciar a las certezas más elementales. Maquiavelo llamó a esta aptitud “astucia”.

Eso por lo que toca a los grandes estadistas. No hay que confundir. Hay quien traiciona y hay quien se vende. Estos últimos personajes, no obran en ninguna página de historia. Al sucumbir al poder corrupto y corruptor del dinero, degradan su valía y se vuelven prescindibles para la memoria. En su decisión, no hay meditación ni realismo. Al ponerse precio, se ubican fuera del campo de la política para colocarse en el espacio del mercado. No manejan los acontecimientos, sino los acontecimientos a ellos. No dominan el arte de la política, ni mucho menos el arte de la decisión; son simplemente cobardes.

Todos conocemos ambos tipos de perfiles. Quien se vende, a veces es necesario, aunque temporal. Los otros son imprescindibles y constantemente retornamos a sus obras para comprender más nuestro presente y nuestro pasado. En el largo camino de la transformación, siempre nos encontraremos con ambas personalidades, pero no compartirán las mismas características ni los mismos objetivos. De ahí la importancia de revisar las alianzas todos los días de forma cuidadosa, pues las lealtades acostumbran ser dinámicas y político que no evalúa no llega lejos. ¿Qué tratamiento debemos dar a este tipo de eventos en un proyecto transformador? ¿Comprometen la viabilidad del cambio la traición y la cobardía? Creo que no. En la práctica política, un problema deja de ser tal cuando nos encargamos de él.

Con el resto de contradicciones que arrastra un proyecto político, el papel de los aliados que se venden, merece una reflexión aparte de los que traicionan. Hay que ubicarlos debajo de estos, en el submundo del fetichismo por la riqueza y las representaciones vulgares que asemejan al poder con el lujo. Creo que el tratamiento que damos a las personalidades amorales en la política y lograr que el cambio emprendido sea irreversible -consigna muy socorrida por el Presidente de la República- son temas enlazados en cierto grado. 

Para que el traidor deje de traicionar y el vendido deje de venderse, necesita operar un cambio en la cultura política y en el sentido común de época. Entiendo este último como las ideas fuerza de una sociedad en un momento determinado de su historia. Aunque también hacer el cambio irreversible es abastecer de lo básico a quienes no tienen nada, creo que es más importante anclar nuestro devenir histórico con pies de plomo en ciertos principios como: no mentir, no robar y no traicionar. Al menos no traicionar a aquellos que debemos dar voz, defender y representar. 

Quizás el tiempo logre ordenar todo esto, aunque también -y es algo que considero mucho más urgente- es necesario establecer una línea política efectiva para conseguir esos fines, pues el tiempo por si sólo no encausa nada.

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