Dios perdona, la Fiscalía también

Ricardo Balderas/Jalisco


“En el 2001 el papa Juan Pablo II dijo que los pederastas tenían que salir del ministerio, entonces di la disposición a la casa Alberione que no admitieran ningún sacerdote pederasta”, dijo Juan Sandoval Iñiguez en una entrevista para la agencia EFE. «Además, deben informar a las autoridades civiles para que investiguen al sacerdote: Tiene que hacerse, debe hacerse porque está mandado que se haga». Continuó el cardenal emérito a la pregunta de una periodista sobre, si los obispos cumplen con estas obligaciones (la de señalar presuntos casos de abuso sexual).

Pero la mano izquierda de Sandoval no parece saber qué hace la derecha. Mientras con una declaración habla de justicia, con sus actos siembra impunidad.

La Casa Alberione en la que según el propio Sandoval Iñiguez, funcionó en Jalisco como refugio (“Centro de curación”) para curas acusados de pedofilia. Operó también durante su gestión sin que se presentaran denuncias para investigar a quiénes ahí residen.

El cardenal retirado desde 2011, señala en sus declaraciones que durante su mandato de 17 años —al frente de la Arquidiócesis de Guadalajara— afrontó “un solo caso” de pederastia clerical. Empero, de las palabras de Sandoval Iñiguez a la fecha, por lo menos tres casos de abuso sexual a menores fueron registrados en las portadas de diferentes medios de comunicación en los que curas aparecen como implicados. 

La Fiscalía General del Estado de Jalisco reconoció —Mediante la solicitud de transparencia e información pública, número de folio 014900817—, que jamás se inició con las averiguaciones pertinentes tras las acusaciones publicas de presuntos abusadores sexuales de menores en el estado.

Casa Alberione sigue operando aunque no es muy claro cómo. En su sitio de internet, los ministros de fe que la constituyeron, explican que siguen funcionando como un centro de rehabilitación (Sin especificar qué rehabilitan), además mencionan que se atienden “Enfermedades del espíritu” que conducen a desfases o desviaciones de la identidad.

“Alberione es un centro de rehabilitación voluntaria por quien se considera un paciente, y que deseando recuperar su equilibrio, quiera entregarse confiado a la profesionalidad y capacidad científica del Personal que lo atiende; sin dejar, desde luego, lo substancial, que es el toque de la Gracia Divina, del Amor y la Misericordia Suprema. 

Existen muchas enfermedades del espíritu en todos los seres humanos -y de ellas los clérigos no están exentos-, que conducen a desfases o desviaciones de la identidad y del comportamiento, sobre todo en estos tiempos en que es especialmente difícil dar testimonio de la fe”, se puede leer en la articulación de su sitio web.

La casa de los pecados

La Casa Alberione, ubicada en Tonalá, alberga hasta hoy a un máximo de 24 sacerdotes a quienes se da atención integral a problemas de alcoholismo y aun depresión. Tiene grandes espacios abiertos, una capilla, jardines, 20 habitaciones, canchas de basquetbol y futbol.

Su oficio data de hace más de 35 años, en 1989, cuando el entonces cardenal de Guadalajara Juan Jesús Posadas Ocampo (asesinado en 1993 en el aeropuerto de esta ciudad) encomendó al párroco y posteriormente obispo de Colima, Marcelino Hernández Rodríguez, encabezar el programa Génesis para Sacerdotes.

En 2016 fue el cardenal Juan Sandoval Íñiguez reveló a la agencia española EFE que en el lugar también se dio albergue a curas ligados a abusos a menores.

Los casos

La secrecía de los hombres de fe es su carta de presentación y las autoridades como si fuesen impolutas procesan sólo a quienes caen en la exposición. Rueguen por ellos los pecadores hasta la hora del escarnio público.

Primer caso. El 29 de junio Francisco Javier García estaba siendo procesado por la Fiscalía General de Jalisco. El sacerdote habría aprovechado la amistad con la familia de una niña de 11 años a quien atacó sexualmente mientras dormía. 

El presunto violador había amenazado con agredir también a su hermanito, y fue semanas después de la agresión cuando la pequeña confesó a su madre lo sucedido. Hacerlo público fue la única salida de la infanta.

Caso dos. Ni La Generala pudo salvar a sus corderos. En la finca número 661 El Terciario, también conocida como Casa San Roque en Zapopan, se habían ganado una estancia perpetua en el Tártaro. El semanario Proceso documento en 2016 la denuncia por abuso de María del Rocío Cázares Tamayo, la señora acusaba al cura Francisco Nariz Fernández de haber abusado sexualmente de ella cuando era una niña, hizo lo propio en la Fiscalía General, pero al no recibir celeridad en el caso, acudió a los medios de comunicación.

La denuncia quedó registrada con la averiguación previa 4421/2014, dos años después tendría el valor de hacer público su caso. 

Aseguró el obispo de Aguascalientes que el prelado abusador sexual se había rehabilitado. A pesar de haber pasado años preso por abusar sexualmente de un monaguillo Alejandro Cervantes Gallardo regresó.

Caso tres. El Obispo de Aguascalientes, Ramón Godínez, rechazó en un principio decir para el diario Reforma, a dónde habían escondido a un clérigo —Que según él había sido curado—: ”Está en una parroquia de aquí y no, no les voy a informar de eso», comentó.

Después de ser liberado, el pederasta pasó un tiempo «rehabilitándose» en Guadalajara y desde hace un par de años funge como vicario en esta comunidad del municipio de Ojuelos, donde oficia misas de martes a domingo, a las 19:00 horas. 

Debido a su «rehabilitación, el Obispo Ramón Godínez negó que en la comunidad de Matancillas en Jalisco (de alrededor de 10 mil habitantes).

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