Mié. May 25th, 2022

El amor es una locura

Ricardo Balderas

El lenguaje, para el académico y periodista Eduardo Galeano, revela la visión de esclavitud y colonialización con la que percibimos nuestra idea del amor, y cómo lo nombramos. En el texto pasado, citábamos a la filóloga María Vaquero y su estudio sobre el origen oceánico de algunas palabras que detonaban nuestra historia fundamentada en el esclavismo. El racismo y la xenofobia llegaron en embarcaciones desde el occidente blanco.

Galeano, Berger y Badiou, fortalecen la tesis de Vaquero y avanzan en la investigación. Luego de la explicación de la puertorriqueña sobre cómo el lenguaje respondía a las condiciones sociales; algunos investigadores que trabajaron bajo la misma hipótesis y ensayaron con los nuevos sistemas de control. El resultado es abrumador. El terreno que ganó la época de la colonización en el uso de Palabras Compuestas para definirlo y naturalizar cualquier escenario de disidencia, también se expandió con la llegada del capitalismo.  

“Esta necesidad (De no terminar en unidad), que es para un hombre imposible de saciar y es la que nos urge a buscar y encontrar muchas veces el amor en pareja. Pero es en la idea del amor en pareja, ahí, es donde uno descubre que en realidad, esta idea —de que uno más uno es uno—, nace de que uno quiere que el otro sea como uno; o sea, que es una estúpida proyección machista, de la forma más repulsiva de la propiedad privada, que es la propiedad de las personas”, comentó Galeano durante una entrevista en España.

Galeano no es el único que culpa al capitalismo y la propiedad privada de nuestra idea del amor. En el libro del Elogio del amor, de Alain Badiou se plantean dos cuestionamientos para reconocer al cuerpo como territorio político, y el por qué, —al asumirlo como tal—, nuestra idea se interrelaciona con nuestro lenguaje ¿Por qué la política es pariente del amor? ¿Porque ambos implican acontecimientos, declaraciones, fidelidaes? 

Si entendemos la política como un procedimiento de búsqueda de la verdad y recordamos los planteamientos platónicos del amor, como el legítimo conducto hacia la verdad. Podremos ligar la semántica de las palabras amor/verdad/política, como sujetos de invasión. 

Haciendo síntesis simplista, si le otorgamos a los mecanismos de poder la prerrogativa de elegir nuestra manera de comunicarnos; estaremos asumiendo que también ellos podrán definir nuestra idea de la política, nuestra idea del amor, nuestra idea de lo que es un Estado, —pero lo más preocupante—, los estamos dejando decidir cuál es nuestra verdad.

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