La cadena de acción y confianza

Luis Sánchez Pérez

«El que se adhiere a una ley no teme el juicio que lo sitúa en un orden en el que cree. Pero el mayor de los tormentos humanos es ser juzgado sin ley» – La caída, magistral noveleta de Albert Camus

En la teoría jurídica alemana, hay una doctrina importante por su nobleza. Nació de la necesidad de atar a los alemanes y su forma de gobierno a la democracia de forma permanente, después de los errores, horrores y excesos cometidos de su pasado reciente. Su nombre es “doctrina de la cadena de legitimación”. En resumidos términos, significa que cada funcionario público o representante electo debe de estar vinculado a los ciudadanos mediante una cadena. Esa cadena puede ser casi directa, como el voto. También puede ser indirecta, como las elecciones de jueces por el parlamento. Pero siempre debe de existir.

En México, nuestra democracia está aprendiendo cosas veinte años después de haber transitado a la democracia que tienen mucho valor para forjar un país más justo hacia adelante. La primera, es que todas las personas tenemos preferencias políticas. Los lados negativos de la polarización actual los conocemos muy bien. Uno de sus lados positivos, es que ha colocado a la política al centro de la vida de los ciudadanos. Eso es importantísimo. La segunda, es que cuando la cadena de la legitimación se rompe, nos trae con ello dificultades y desconfianzas que dañan nuestros esfuerzos conjuntos como país.

En Jalisco, estos aprendizajes vienen al cuento por la controvertida elección de los Consejeros de la Judicatura que sucedió recientemente. Es difícil afirmar esto cuando vivimos en una democracia de la desconfianza, pero es hora de hacerlo: quienes actúan en la cosa pública tienen costumbres, prácticas y convicciones. Con ello, vienen afinidades a partidos políticos y a proyectos. Eso no debe de sorprender a nadie. Al contrario. Hago votos porque cada vez más, todos los que estamos en la cosa pública podamos hablar abiertamente y admitir nuestras preferencias.

Este ánimo de transparencia existe en las democracias más avanzadas donde, por ejemplo, en Estados Unidos se elige a los Fiscales por voto popular directo. Así como hay Fiscales humanistas y derechohumaneros, los hay de mano dura e inflexibles. Sin pena ni gloria, ambos se someten al juicio del ciudadano y gana el que aparte de tener buen perfil académico, abandera con sinceridad sus convicciones.

¿Qué podemos aprender de este proceso específico? Que legislar con prisa y a altas horas de la madrugada debilita muchísimo la cadena de legitimación. Que es hora de acostumbrarnos a que los exámenes de capacidad sean vinculantes como lo son para cualquier profesión y trabajo del mundo, especialmente para algo tan importante como la justicia y la ley. Y una lección importantísima es que debemos de avanzar hacia una época en donde aceptemos que la mejor carta de presentación, serán las acciones que tome un funcionario público que, admitiendo de manera valiente que tiene convicciones y proyecto, sea excelente en su función liberándose del falso dilema entre “independencia absoluta o cuota política”.

El feminismo humanista, corriente filosófica y política del humanismo político, nos invita a aprovechar el gran momento de la participación irreverente, polémica y atrevida sobre los grandes cambios que están haciendo las mujeres en este siglo XXI. Es hora de que las mujeres sean parte del recambio necesario en el sistema judicial de Jalisco. Yo apuesto esa confianza, porque queda claro que con el talento de esas dos mujeres ahora integrantes del Consejo de la Judicatura, hay espacio para atender reflexiones como ésta.

La apuesta fundamental que no debe pasar por alto es una justicia en Jalisco que adopte los modelos de pacificación que hemos construido y estamos construyendo, así como la imperiosa necesidad de la aplicación de la justicia transicional con sus características esenciales de: verdad, justicia, reparación y no repetición. En esta tarea todas las universidades, todas las instituciones y todas las voces tenemos que sumarnos a la acción.

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