Mié. Jul 15th, 2020

La protesta

«Protesto contra todo aquello que emana de la fuerza bruta y no quiero que la sociedad esté expuesta a sufrir la fuerza bruta dejada en manos del pueblo, lo mismo que no quiero que tenga que sufrir la fuerza bruta dejada en manos del poder», Flora Tristán

Luis Sanchéz

La movilización social en Guadalajara tiene una larga historia. Para los tapatíos de hueso colorado, es fácil encontrar anécdotas o incluso conocidos en nuestro círculo social que nos cuentan de primera mano cómo fueron los convulsos años 60’s con los Vikingos y el inicio de las guerrillas. Sin embargo, eso ya es parte de la historia de Jalisco, no de su presente.

Guadalajara ha cambiado mucho. Lejos están los días donde las protestas callejeras eran algo raro o ajeno. Desde hace cerca de 10 años, las manifestaciones legítimas de descontento en la capital son bastante comunes. Las causas son varias: violencia y desapariciones, desempleo o crisis económica, cumbres de jefes de Estado, el movimiento feminista, movimientos estudiantiles, organizaciones en pro de la familia tradicional. En resumen, son un reflejo de la pluralidad y complejidad de Jalisco. Reflejan también nuestros problemas y contradicciones. Las manifestaciones que exigen Justicia para Giovanni son parte de todo esto.

Como sociedad, hay un constante y directo contacto con estas manifestaciones. Tanto sociedad como gobierno y policía tienen sus ideas respecto a cómo las manifestaciones deben de comportarse. Esto obliga a la pregunta ¿cómo es una manifestación perfecta? Para empezar, una manifestación debe de cambiar el orden cotidiano. Si no lo hiciera, no sería una manifestación, porque se busca llamar la atención de todos a un problema social. Por lo tanto, una protesta perfecta hace uso del derecho que tenemos todos a ocupar el espacio público. Sí, aunque se entorpezca el tráfico vehicular.

En segundo lugar, debe de ser pacífica. De no serlo, deja de estar amparada por la Constitución de México. Los límites de la no violencia pueden ser grises a veces, pero Francisco Jiménez Bautista, un gran catedrático de paz, nos lo explica muy bien: 1) No violencia, como oposición a la violencia directa, relaciones sin violencia. Ejemplo: abstenerse de golpear a otros. 2) No-violencia, como oposición a la violencia estructural, resistencia sin armas y con métodos y técnicas pacíficos a las injusticias sociales. Ejemplo: portar carteles o intervenir paredes o estatuas con mensajes que llamen a la justicia social. 3) Noviolencia, como oposición a la violencia cultural, hacer una filosofía de paz como un programa constructivo de tipo social (económico, político y cultural). Ejemplo: pliegos petitorios de demandas o llamados a la solidaridad.

Estas aclaraciones nos ayudan a entender que hay cosas que pasan en las manifestaciones que abonan a la cultura de la paz, aunque algunas veces no estemos de acuerdo con ellas. Esto es del lado de los manifestantes.

¿Qué hay de la autoridad? Está muy claro que ante una protesta pacífica, la policía y los políticos no tienen derecho de agredir, dispersar o criminalizar una manifestación. Esto pasa en la mayoría de las protestas. Sin embargo, en las más complejas, en donde personas violan alguno de los 3 principios de paz que expusimos antes, la autoridad sigue obligada a defender la paz. Por lo tanto, debe de observar los siguientes principios: a) Diálogo: manifestar apertura y sensibilidad a las demandas de los manifestantes. b) Racionalidad en el uso de la fuerza: todos los manuales de policía contienen instrucciones de cómo las fuerza debe de ser la última opción. Para que eso se cumpla, el gobierno debe dotar a los policías de entrenamiento y equipo de protección suficiente y adecuado. c) Irrestricto respecto a los derechos humanos: detener incluso a un criminal violento en flagrancia, no da derecho a nadie para violar sus derechos.

Las obligaciones y los derechos de autoridades y manifestantes siempre pueden entrar en conflicto. Sin embargo, la corresponsabilidad está en ambos lados. La protesta pacífica siempre tiene mejores resultados que acciones violentas, aisladas y que solo provocan un clima de tensión social. Los gobiernos deben de dar el ejemplo y predicar con sus acciones la cultura de paz que Jiménez Bautista describe tan bien.

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