Mié. Sep 23rd, 2020

Maquiavelo no tiene quién le escriba

Alejandro Puerto

La que recién terminó, fue una semana ajetreada para el Gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. Se le juntó todo. Cumpleaños, día del padre y seguramente otros pretextos para festejar en un estado azotado por la violencia y la desigualdad. Los regalos no se hicieron esperar. Sus legisladores en el Congreso de Jalisco le regalaron la famosa #LeyAlfaro, una legislación electoral hecha a la medida para que el gobernador mantenga el poder y garantice la reelección de diputados y alcaldes de su afinidad. 

No es fácil encontrar un regalo que deje satisfecho al gobernante del estado en el que recién encontraron 75 bolsas con restos humanos en una fosa clandestina, pero en el Poder Legislativo no escatimaron en detalles: le hicieron una ley que reduce a 30 días las campañas electorales, pero sin reducir como se debe el presupuesto destinado a los partidos políticos para los procesos electorales. Ni Jaime Bonilla hubiera imaginado semejante detalle en sus más honestos desvarios. 

Luego por la tarde, rodeado de su familia, el recién bautizado por Enrique Krauze como “gallardo liberal” se dispuso a compartir un atractivo postre cumpleñero rodeado de su familia. Todo lindo, pero de nuevo los detalles: rematando el pastel del festejo y a modo de velita figuraba un “trono de hierro”, el mismo por el que en Juego de Tronos toda una fauna de reinos imaginarios se fueron a guerra intentando obtenerlo. Claro, unos tenían más ventajas de otros.

Llama la atención semejante mezcolanza de clichés alusivos al poder que sólo lo representan en su lado vulgar, como coacción y mandato sin ideales. Leyes a modo y un trono, aunque sea imaginario, porque eso es lo que desea un gobernante como Enrique Alfaro. 

Ante esta semana de incómodos festejos, me imagino al genio italiano Nicolás Maquiavelo. Me lo imagino como al protagonista de la breve novela de García Márquez “El Coronel no tiene quién le escriba”. Después de tantas batallas, después de tanto servicio, tantos consejos y tanto fungir como conciencia, se han olvidado de visitar o recurrir al sabio que secularizó la política de la religión. 

Y es que a diferencia de los distintos ocupantes del trono imaginario, Alfaro no es un buen lector de Maquiavelo. Su ejercicio de poder habla mucho de ello. Poca persuasión, mucha represión; pocos aliados y ninguno leal; poca militancia real y mucho mercenario. Rompe varios consejos que se pensaron para unificar un reino cuando este pasaba por el peor momento de su historia. Navega con ejército prestado y no cumple con las reglas de oro de la política: no sabe ordenar decisiones en el tiempo ni utilizar con sabiduría y equilibrio la fuerza y la razón. 

Podrá sentirse satisfecho o autorrealizado, pero sus logros de esta semana y sus ambiciones a futuro reflejadas en el trono imaginario adolecen de un defecto que sólo un ojo clínico alcanza a detectar. Cuando Maquiavelo pensaba que en política podías “obtener el poder, más no la gloria”, obviamente no pensaba en Alfaro; pensaba, eso sí, en personajes parecidos a él, que creen que lo poco que han obtenido significa mucho. 

Y es que no es así. Alfaro tiene, sí, poder. Pero nunca tendrá la gloria de los grandes gobernantes; de aquellos de dimensión y altura histórica, porque cuando la gente se organizó y votó por un gobierno que pusiera fin a la corrupción, que redistribuyera la riqueza hacia abajo, que apoyara a las mujeres, a los estudiantes y a las comunidades indígenas; que pusiera punto final a los gobiernos coludidos con el crimen organizado y que tuviera por opción preferencial a los pobres, Alfaro se puso simplemente del otro lado; del lado de los que apostaban por mantener ese régimen de privilegios insensible e insostenible.

Un pastel siempre será un pastel, no importa el juguete que le pongan de adorno, y una ley siempre será el resultado -sujeto a modificación- de una correlación de fuerzas. Que no lleve lejos sus fantasías ni se deje apantallar por sus propias victorias. Maquiavelo le aconsejaría al gobernador de Jalisco “dar de sí ejemplos fuera de lo común” poniendo fin a la violencia y encontrando a nuestros desaparecidos, en lugar de jugar a la política de fantasía. Y yo le aconsejo que mejor visite a Maquiavelo, porque los puestos públicos son temporales y alcanzan para todos, pero la gloria es histórica y está reservada para pocos. 

2 thoughts on “Maquiavelo no tiene quién le escriba

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