Alejandro Puerto, foto: Cortesía

MORENA: La fobia de la derecha

En ciencia política, un partido tiene varias rutas para profesionalizarse y profesionalizar su actividad. Una de ellas es la forma en que la materialización del partido se corresponde con sus normas estatutarias.

Alejandro Puerto

Simplemente es imposible saber qué tiene en mente López Obrador cuando piensa en morena, si es que lo hace. Como cualquier político, asumo, tiene prioridades, preferencias y urgencias; como cualquier líder que se precie de tener dimensión histórica, posee una mirada a largo plazo que debe acompañar con alguna hoja de ruta para conseguir sus principales objetivos.

Por eso no creo que su propuesta de dirimir la lucha por renovar la dirigencia de morena mediante una encuesta sea una ligereza. Va, como muchas otras de sus medidas y propuestas de alcance jurídico, en contra de la institucionalidad liberal o en su forma de entenderla.En este caso, la encuesta va en contra de la forma liberal en que los partidos políticos alcanzan su institucionalización. No porque se cumpla aquella fobia de la derecha en la que AMLO vino sólo a destruir nuestras instituciones; no. Sino porque desde sus inicios ha sido el personaje que más ha impactado o influenciado modificaciones en el derecho mexicano. Tan sólo su participación en dos elecciones constitucionales provocaron múltiples reformas electorales para dar mayor certeza y legalidad al desprestigiado INE. 

La encuesta como método de elección tiene varios detalles que deben ser analizados de forma cuidadosa. Aunque su realización se da dentro del marco jurídico vigente en el que gravita morena, lo que implica es una ruta atípica hacia la institucionalización del partido político, sólo comprensible desde la historia política de López Obrador. 

En ciencia política, un partido tiene varias rutas para profesionalizarse y profesionalizar su actividad. Una de ellas es la forma en que la materialización del partido se corresponde con sus normas estatutarias. Es la ideal y en la mayoría de los partidos grandes con alto grado de institucionalización, esta norma se cumple a cabalidad. Sin embargo morena no es un partido común, entendido en el sentido tradicional del término. Si bien se autodefine como un partido-movimiento, su realidad es la de un partido carismático, constituido sólidamente en torno a un nombre pero que, al desaparecer ese nombre, la solidez se desvanece y no queda mucho.

Ausente el nombre que nucleaba todos los elementos del partido y los mantenía unidos, prevalece la incertidumbre. Sin embargo, en una relación confusa donde la ausencia es el motor de la totalidad, la incertidumbre es un monopolio del nombre que fundó el partido; en este caso AMLO, aunque no se involucre directamente, controla la incertidumbre del relevo sugiriendo una salida. De ahí que la cohesión interna de morena se trate un 50 por ciento en respaldar el programa del partido y un 50 por ciento en disputar y adjudicarse el monopolio de la fidelidad al líder fundador. 

Por eso la profesionalización de morena siempre será débil. Los objetivos que se ha trazado así lo ameriten. Pienso en las peripecias de AMLO lidiando con la fauna facciosa del PRD para conseguir el mínimo respaldo de ese partido a sus proyectos; o las negociaciones con Convergencia y Dante Delgado: dos elementos de mala fama en la política mexicana; o en tantos otros ejemplos que nos hacen reflexionar por qué en política, desde lo más simple hasta lo más mínimo, todo tiene que ser una batalla. 

Una encuesta no es una escuela política, pero permite solucionar un problema accesorio para concentrarse en lo elemental, en lo que de verdad importa. Pero que no sea escuela política no quiere decir que no sea formativa en sentido político: claro que lo es. Pone en liza distintos proyectos, distintas visiones que persigan o intenten alcanzar lo que tenía en mente AMLO cuando se decidió a fundar morena: fundar un partido con menos vida orgánica y más propuesta general; un partido que no sea representativo de un conjunto de agremiados con carnet, expertos en morena pero ignorantes de la realidad del país; un partido menos dedicado a gestionar su propia identidad; un partido que en lugar de trazar barreras impenetrables entre morenistas y no morenistas, sea representativo de todo el país y del sentido de unidad que le calza AMLO a todos sus discursos. Esto empataría más con su apuesta a una elección dividida en dos bloques: liberales vs conservadores (el amplísimo morena contra la suma del PRI, PAN, MC, PRD).

Decía Poulantzas que el capital dominaba con tanta facilidad porque unía arriba, en las cúpulas del dinero y la política, mientras dispersaba abajo: entre los trabajadores y sus distinta luchas. No sé qué tiene AMLO en mente, pero en su lugar preferiría lo mismo: cuadros que se presenten ante toda la sociedad y no sólo los agremiados, se den a conocer ofreciendo un plan de acción y logren construir unidad abajo, allá donde el neoliberalismo llevó dispersión. A eso puede ayudar una encuesta: a integrar y conjuntar para que por fin se note que AMLO no gobierna solo, sino acompañado de un movimiento sólido y robusto. 

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