Mié. Jul 15th, 2020

Padres en lucha

Luis Sánchez

“Nadie estamos exentos de nada. Hay que unirnos. Esta lucha no solo es por mi hijo, sino por todos los muertos y desaparecidos en esta violencia sin fin”. – Nepomuceno Moreno (Padre de Nepomuceno, asesinado en Sonora en 2011).

El día del Padre es una celebración en México. Día de convivencia y comida familiar. Es doloroso saber que esto no es así para todos. Los recientes acontecimientos en Jalisco y en todo el país obligan a poner la mirada en la demanda de justicia que familiares, tanto madres como padres, expresan cada día. Este domingo, es momento de recuperar la memoria de todos los padres que tienen un hijo desaparecido, pues para ellos no habrá nada qué celebrar.

En Jalisco, de los 9 mil 341 desaparecidos (de acuerdo a cifras del Sistema de Información sobre Personas Desaparecidas), conocemos cientos de historias de padres que luchan por encontrar a su hijo perdido. «Es muy difícil una situación así. Me hago el ánimo pero no me hago la idea. Espero encontrarlo algún día», señala José Robles Pérez, padre de José desaparecido en Zapopan en 2019. También está Don Roberto Palomino, padre de Juan, quien ha vivido una lucha incansable por saber de su hijo visto por última vez en Guadalajara. «¿Para dónde camino?, ¿para dónde le doy?, ¿dónde lo hallo?». Preguntas que lo acompañan día con día.

En Chapala, decenas de personas desaparecieron y se sigue exigiendo justicia. Familiares señalaron que a pesar de ciertos avances y personas que fueron descubiertas con vida, no descansarán hasta que todos sus hijos aparezcan. Lo terrible de la desaparición es que es un delito continuado, es decir, una acción de injusticia que sigue sucediendo a través del tiempo y no se detiene.

Esto no es solamente un concepto de los padres sino también un concepto jurídico. Este delito que daña a los familiares sin cesar a través del tiempo es tremendamente doloroso, como bien nos recuerda José Benítez Herrera, padre de un hijo que desapareció en Veracruz y que aún no sabe nada de él. En 2019, en una reunión con autoridades federales y el gobernador de ese estado, les recordó a gobernantes y sociedad lo que siente un padre con un hijo desaparecido: un malestar, una nube negra que nunca se va. “Llevo mil 158 días con el mismo pesar” le dijo en ese entonces a los presentes José. Al día de hoy, se han cumplido más de 1600 días.

El Estado mexicano le debe justicia a José Robles, a Roberto Palomino, a José Benítez y a miles de padres mexicanos que viven este inmenso dolor. En ese mismo año 2019, la Subsecretaría de Derechos Humanos y el Gobierno de Veracruz, auspiciados y acompañados por el reconocido Centro Miguel Agustín Pro Juárez, le ofrecieron al señor Benítez una disculpa pública. Pero eso no basta ni es suficiente. “Estoy harto de mentar madres y criticar a las autoridades. Quiero solamente el día de hoy sensibilizarlos como persona, como padre de familia. Quiero sensibilizar a jueces, fiscales y todas las personas para que se llegue a la justicia. Quiero exigir, porque la palabra pedir es como que damos lástima a veces. Por eso, exijo a las autoridades la finalización de nuestro caso positivamente”.

Cada padre y madre de México que tienen un hijo desaparecido sufren una violación directa y continua a sus derechos humanos. Quienes no estamos en esa situación, podemos tratar de empatizar pero no comprenderemos de primera mano esa terrible experiencia. Es por ello que debemos ser sensibles a la demanda de justicia que padres y madres exigen. Como nos recuerda Torres, cuando nos habla acerca de cómo construir la paz, es indispensable ir más allá de mero respeto y tolerancia hacia los demás. Lo que necesitamos, como sociedades, es comprender los elementos y procesos que constituyen los conflictos y aprender a utilizarlos de manera creativa para autoconstruirnos como humanidad.

Conmiserarnos con los padres de desaparecidos no es suficiente. Para ello, debemos exigir junto con ellos justicia, para utilizar esta terrible crisis de inseguridad y desde ella construir paz futura en México. Esta paz, definitivamente será diferente que la que teníamos décadas antes, porque significará que habremos tenido que superar esta crisis de desaparición de manera humanista, con justicia y de forma pacífica. Mientras no entendamos y rechacemos como algo «normal» que la gente desaparezca sin rastro, seguirá habiendo padres que jamás se cansarán de exigir la presentación con vida de sus hijos.

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