Mié. Sep 23rd, 2020
Alejandro Puerto, foto: Cortesía

¿Por qué se mueve Jalisco?

Alejandro Puerto

Ya pasaron diez días desde la primer manifestación para exigir justicia para Giovanni López. A ese significativo 4 de Junio le siguieron días oscuros en cuanto a Derechos Humanos, democracia y estado de derecho refiere. Hubo violencia de Estado, acción directa realizada por manifestantes (que asumo no denominar violencia ni vandalismo en la medida en que una parte de ella es testimonio de una demanda política), excusas y deslindes de responsabilidades. Quedó ausente el papel del Estado como agente que reproduce de forma ordenada las relaciones entre ciudadanos, autoridades y otros actores de la sociedad. En su lugar hubo otra cosa, que aún no logramos procesar, pero que se caracterizó por resaltar que -al menos en Jalisco- las necesidades del poder no son las de la gente común. 

Contextualizado así, parecería que todo está perdido y a punto está de sobrevenir la ola de la resignación. No es así. A pesar de todo, la demanda de justicia para Giovanni sigue vigente. Tan sólo ayer domingo un colectivo se instaló en la Glorieta de La Minerva portando dos mantas gigantes, una pedía justicia para Giovanni y la otra exigía la renuncia de Alfaro. A estas demandas se han ido sumando otras en lo que va de la primera semana de junio hasta hoy. Se inscribió en el registró trágico del estado la desaparición de dos artistas plásticos en Chapala que se suman a seis desapariciones que transitaron por la senda del silencio oficial a pesar de ocurrir todas la misma semana. 

El escenario es triste y sórdido pero, parafraseando a Durruti: “Jalisco lleva un mundo nuevo en los corazones de todos nosotros”. Lo que ocurre no es nuevo, pero comienza a germinar. Las demandas por justicia, como lo son las que reclaman esclarecer el asesinato de Giovanni así como determinar la participación de agentes del estado en la represión y desaparición de jóvenes el viernes 5 de junio, a las que se suman las que exigen aparición con vida de todos nuestros desaparecidos, no surgieron apenas ayer. Llevan décadas con una desgraciada vigencia. Pero hoy su voz suena más fuerte y abre un panorama distinto que me permite afirmar que en Jalisco se está construyendo el relato de lo intolerable. 

La construcción de ese relato la ubico en el espacio de la memoria colectiva. Acciones como la Glorieta de las y los desaparecidos, así como el constante recordatorio de que aún hace falta justicia para las víctimas de la violencia policial y la invitación permanente para exigir al estado regresarnos con vida a todos nuestros desaparecidos, son la cristalización de la lucha por el pasado que hoy da Jalisco. Al situarse en la perspectiva de los Derechos Humanos y desde las víctimas, la lucha por el pasado confronta la versión oficial y ajusta el debate con los agentes del estado que buscan revictimizar para evadir responsabilidades.

Y es que hay algo que fondo en todo esto que Enrique Alfaro no entiende y será su perdición. Los Derechos Humanos son universales e inalienables. Existen aunque no se garanticen y eso permite que en nombre de ellos se pueda interpelar un régimen. Aún más: como en todo México, esta interpelación viene directo de las víctimas, un tema que Alfaro no conoce, desprecia y no domina. Un tema que tiene su trágica especificidad. Sin pretensiones exhaustivas, diría que el estatuto de víctima no pertenece sólo a quien muere en una guerra, sino que surge cuando las guerras dejan de hacerse en campos reservados para ello. La víctima es la parte de la sociedad que no participa en ningún bando en circunstancias bélicas o si lo hace no es por libe elección. 

En Jalisco hoy se es víctima porque no funciona la Justicia; no funcionan los órganos del Estado que deben garantizar seguridad (que no es lo mismo que ausencia de violencia). A esto se ha dado una respuesta específica. Las manifestaciones no son simplemente eso: son un cuidadoso trabajo de elaboración del pasado reciente que han escogido cortes simbólicos (Giovanni, los miles de desaparecidos) que reclaman aparición con vida y justicia, pero también juicios ejemplares para cómplices y victimarios. Claramente esto no terminará con la violencia reinante en Jalisco, pero manda señales sobre cuales son los límites tolerables en nuestra sociedad. De inicio, que no queremos más violencia policial, no queremos más violencia, no queremos más desaparecidos y queremos que todos nuestros desaparecidos regresen. Es un gran avance. Sólo restaría articular esa gran crítica en forma de programa político, pero eso es el segundo paso y por ahora lo importante es dar el primero, pero darlo bien. 

1 thought on “¿Por qué se mueve Jalisco?

  1. Es muy importante la participación activa de jóvenes con argumentos sólidos;que simbran a cualquier ciudadano sensato que busca justicia y paz en el lugar donde vive..o sobrevive!

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