Recambio generacional en seguridad

Nuestro estado está en una trinchera compleja de la pacificación.

“La única forma que lo podemos entender es visualizar que va a haber un cambio estructural”. – Anuar García, presidente de la Organización México S.O.S en Jalisco.

Luis Sánchez

La seguridad en Jalisco es tema por lo que pasa dentro y fuera de sus fronteras. Pionero en ajustar a la alza el salario de policías, en proponer el mando único y experimentar con él y con un problema urgente de desapariciones, nuestro estado está en una trinchera compleja de la pacificación.

Los acontecimientos, calificados por organismos internacionales como desapariciones forzadas dentro de las protestas por el asesinato de Giovanni, forzaron a una revisión con lupa de todos los eslabones de la cadena de policía y procuración de justicia. La salida de Macedonio Tamez de la Coordinación de Seguridad del Estado por diversos motivos, algunos expuestos en conferencia de prensa conjunta con el gobernador, obligan ahora a pensar -a propósito de la llegada de Ricardo Sánchez Beruben- lo que significa un recambio generacional en seguridad.

En primer lugar, implica una oportunidad. El continuismo en seguridad conlleva un desgaste grande que agrava la desconfianza ciudadana. Las tareas nuevas y compactas, que asumirá Sánchez Beruben, serán expuestas pronto según se anunció en boletín y conferencia de prensa. En vez de esperar pasivamente el anuncio, me permito sugerir algunas.

La primera tarea, es hacer de la seguridad ciudadana una seguridad participativa. Los grupos de WhatsApp con comandantes de sector son parte de lo que se hacía desde hace años para que la ciudadanía aportara a la seguridad. Esto está rebasado. Es hora de conjuntar el presupuesto participativo (bandera algo olvidada del gobierno estatal) y la seguridad, para poder medir y comparar si las inversiones que propone la gente ayudan a mitigar la crisis. La experiencia en Ciudad Juárez nos dice de forma alentadora que sí funciona. Es momento de intentar.

La segunda tarea es coordinar el fortalecimiento y recambio de policías. México en general y Guadalajara junto con Jalisco entero están debajo de la recomendación internacional de la ONU que sugiere al menos 1.8 policías por cada 1000 habitantes. Estos nuevos policías forzosamente tendrán que ser reclutados como nuevos elementos. Las dificultades de reclutamiento de la Guardia Nacional, a pesar de tener un sueldo similar al de los policías mejor pagados de Jalisco, ha sido difícil. Eso nos da una idea del tamaño del reto para nosotros. Entre más tardemos en cerrar esa brecha, nos irá peor.

Por último, coincidente con el perfil de Beruben, es imperativo medir de manera distinta la seguridad. Obviamente necesitaremos medir el robo de autos y los asaltos, pero debemos de empezar a construir políticas públicas basadas en evidencia para reducir complejos delitos multifactoriales como la desaparición forzada o la extorsión y el robo de identidad (incluso en su variante cibernética), y ello requerirá identificar factores clave más allá de la «maldad» o los «grupos delictivos».

Esperemos que juventud, análisis y experiencia se conjunten para darle un giro a la sensación subjetiva de seguridad. Sí, esa sensación que describen los teóricos como Gabriel Kessler, que nos cuentan cómo, aunque haya modestos avances en seguridad, la gente percibe inseguridad a pesar de ello. En esta lenta recuperación económica que se avisora, será crucial certeza para el empleo, la inversión y el consumo. Jalisco demanda paz, estabilidad y justicia para atraer inversiones y recuperar el terreno perdido ante el COVID 19.

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