Mié. Jul 15th, 2020

La fila

Ricardo Balderas

El miedo y el enojo suelen ser más humanos que el amor. A diferencia de la idea romántica, con el odio o el enojo pasa la curiosidad de que nadie nos dice cómo deben ser expresados. El enojo no fue colonizado y el miedo, es tan oblicuo, que simplemente no puede ser medido. Cada quién con sus demonios.

El SIDA es un acto de fe. Pero la idea del SIDA, esa es un gusano de miedo que avanza más rápido que cualquier fila de clínicas especializadas.

Son 22 pasos hacia las escaleras principales. Las subes. Son otros 39 pasos hacia tu mano izquierda y tomas un turno Las 36 personas que están frente a mi, y yo, tenemos la misma duda. Y con muchísima suerte (buena o mala), todos tendremos el mismo veredicto. Queremos saber si nuestro más reciente contacto humano nos arrebató la libertad de tocar en desnudez sin miedo.

El «bicho rosa» que arrebata el tacto. Rápido y sin dolor (coma la noche que personalmente me trajo a esta fila) las mujeres con mascarilla azul y guantes de látex sacan de tu cuerpo una pequeña muestra de sangre. Tratan de que tu atención se espabile para que la férrea penetración no deje un hematoma. No sientes nada y, por temor a ser reconocido, te limitas a responder con monosílabos a cualquier pregunta.

Nadie en esa sala quiere estar ahí. Ni los que gritan nombres en los pasillos, ni las mujeres con las jeringuillas y menos, mucho menos, quienes son nombrados en voz alta. Otra fila. Los rostros son cada vez más pálidos y profundos, más fúnebres, se deslizan por los pasillos como hojas que el invierno arrebata de las copas más altas. Rezar no tuvo efecto para Alonso. Y luego piensa en voz alta: «Rezar es de pendejos».

Escucha su nombre y atraviesa una puerta donde un médico tiene sus resultados. La última de las últimas palabras. Aquí, en esta antesala del Tártaro, cada quien se agarra de donde puede. Yo por ejemplo, me agarré de Alonso. Pero él es tan grande, que no sé si cuando salga de ese cuarto, podrá agarrarse de mi. La buena noticia es que una vez que alguien camina en ese infierno, no vuelve a tener miedo.

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